Insurrección Popular en Túnez

Diego Torres

Las demandas contra la crisis pueden y deben transformarse en lucha política del proletariado.

Los trabajadores de Túnez han enfrentado durante los últimos años los estragos de la misma crisis que sus hermanos de clase en todo el mundo, a eso se suma el haber vivido bajo la dictadura antidemocrática del “presidente” Zine el Abidine Ben Ali que cumplía ya 23 años en el poder. El pueblo tunecino manifestaba su descontento desde hace tiempo, sin embargo a finales de diciembre se pasó a una verdadera insurrección popular.



Las movilizaciones masivas estallaron inicialmente en el centro del país demandando respuestas al desempleo masivo, el paro generalizado, la carestía de vida y la miseria. En pocos días las manifestaciones se propagaron a decenas de ciudades y pueblos del país. La respuesta del gobierno fue descalificar y criminalizar la protesta como instigada por “intereses extranjeros”, hablando de vandalismo y de terrorismo, etc. Como lo hizo a lo largo de su historia, la dictadura de Ben Ali recurrió a la represión y la tortura. Sin embargo esto no bastó para detener al pueblo, al contrario, las consignas democráticas (derrocamiento del dictador y toda su estructura política, fin del despotismo y la arbitrariedad, libertad a los presos políticos, cese de la persecución y represión policíaca, instauración de un gobierno democrático, etc.) pasaron a ocupar el primer puesto.

Durante tres semanas el pueblo se enfrentó en las calles con las fuerzas represoras que se vieron absolutamente impotentes ante el esfuerzo heroico del pueblo tunecino. Más de 70 mártires derramaron su sangre durante los enfrentamientos. El peso decisivo lo jugó el proletariado y sus líderes, las organizaciones obreras, las organizaciones revolucionarias y los sindicatos. El régimen en ese momento se mostraba ya insuficiente para contener la lucha de clases, pasó a prometer medidas de emergencia y hablar de cambios importantes en el gabinete. La consigna que se levantó fue la de “¡Insurrección hasta que caigan todos!” y eso se pasó a hacer. Finalmente el dictador tuvo que huir hacia Arabia Saudí. El pueblo de Túnez obtuvo esta victoria histórica el día 14 de Enero.

Sin embargo el régimen aún maniobra para lograr su continuidad, para suplantar las demandas populares y encontrar una salida que beneficie exclusivamente a los explotadores. Por ejemplo, aunque el “presidente” dimitió se mantuvo al primer ministro, a la estructura política intacta. El gobierno provisional aunque incluía ahora una mayor variedad de fuerzas políticas mantenía en su dirección a las prominentes figuras del anterior régimen y respondió de manera vaga a las demandas de elecciones y de nueva constituyente. Inmediatamente tras esto el pueblo tunecino volvió a las calles, tan solo en la capital se registraron una veintena de manifestaciones en menos de 24 horas. Algunas de las fuerzas políticas decidieron retirarse del gobierno provisional, el partido de la dictadura trata desesperadamente de desembarazarse de la figura del dictador, al tiempo que el primer ministro se separa de su partido. El nuevo gobierno entra en parálisis y parece desfondarse al inaugurarse reprimiendo al pueblo que ahora dice representar. Mientras tanto el pueblo trabajador de Túnez levanta sus propias iniciativas para un nuevo régimen democrático y popular.

Los gobiernos de la región tiemblan espantados al observar como la insurrección en Túnez inspira a los pueblos a luchar. Del Magreb a Medio Oriente las masas se conmueven ante esa perspectiva. Mientras tanto la prensa y los medios electrónicos imperialistas tratan a su modo de usar la información en su favor: Refuerzan las tesis del choque de civilizaciones, tratan de tutelar el proceso al imponerle como límite un régimen liberal burgués, o bien destacan las acciones aisladas, como la de inmolarse empapándose en gasolina y prendiéndose, ignorando adrede el papel fundamental que juegan las masas y la clase obrera.

Nosotros vemos que se trata de la confirmación de que en el actual periodo de descomposición del capitalismo las demandas que levanta el pueblo trabajador contra la crisis tienen la potencialidad y deben de transformarse en una lucha política. En el caso de Túnez esto ha significado el derrocamiento de la dictadura anti popular, aún se bate el pueblo en las calles y queda por resolverse hasta donde avanzará, pero nada impide que en un número considerable de países esté abriéndose de nuevo el camino a la lucha por el socialismo.