Alfonso Cano: A un hombre que vivió como pensó

Victoria Sandino Palmera, Integrante de la Delegación de Paz de las FARC-EP
05.Nov.13 :: Opinión

“Persistiremos en nuestros esfuerzos por alcanzar la Paz democrática por las vías civilizadas del diálogo… Nuestra palabra la respaldamos con la práctica diaria, en el crisol de la lucha cotidiana. Así nos lo enseñaron Bolívar, Manuel, Jacobo y todos los próceres y héroes de la historia patria. Hemos comprometido nuestra honra y vida en este empeño porque estamos seguros de la justeza y posibilidad real de materializar el sueño de una nueva Colombia.”
Alfonso Cano

Hay hombres que pueden decir que vivieron como pensaron, que sus palabras siempre se correspondieron con su pensamiento y sus actos; y que estos se convirtieron en unidad monolítica y columna vertebral de ese ser humano. Así vivió Alfonso Cano, persistiendo día a día por alcanzar la Paz democrática con Justicia Social, buscando siempre la vía menos dolorosa, la vía civilizada del diálogo, tal y como lo estamos haciendo hoy en el actual proceso, del que él fuera arquitecto.



Para las guerrilleras y guerrilleros de las FARC-EP es un gran orgullo haber contado con un revolucionario íntegro a la cabeza de nuestra organización, al servicio de ella y del país; puso su capacidad de análisis, de síntesis de los problemas de la realidad nacional, con total su autoridad política, moral y de lucha que lo caracterizaba.

Quienes lo conocimos, quienes tuvimos esa fortuna de compartir a su lado, cómo no decir que extrañamos tanto ese espacio a donde llegar a depositar nuestras angustias y alegrías, ya que por muy incómoda, divertida o maluca que fuera la situación siempre se la confiábamos. A mí, me soportó una que otra crisis de histeria, o de enfado personal, por frustraciones ante la limitación para cumplir correctamente alguna tarea revolucionaria, ante la actitud machista de algún combatiente, o por una decepción amorosa.

Con su rostro sereno, de mirada profunda como descubriendo cada palabra o gesto de su interlocutor, escuchaba siempre con el mismo interés, a quienes íbamos a contar algún problema personal o planteamiento de trabajo; ya fuera alguna reflexión política, ideológica, o de carácter estratégico.

Tenía un profundo amor por los combatientes a quienes protegía y amaba como un padre; lo vi dedicarle una hora diaria a un guerrillero para enseñarle a leer y escribir; le ponía planas como le decimos popularmente, le tomaba lecciones como decía el guerrillero o control de lectura al tiempo que le explicaba el sentido de los textos. Era un honor para ese guerrillero aprender de su personalísimo maestro.

Siempre nos informó del desarrollo de la guerra tanto en el campo político como en el militar. Permanentemente le hizo seguimiento a las distintas unidades que pasaron por su guardia, sin importar cuantos años hacía que habían salido, informaba constantemente a sus acompañantes de sus triunfos y fracasos, de sus méritos e indisciplinas.

Como conductor de este gran Ejército que ayudó a construir, vivía atento a los planteamientos que desde la distancia le hacían los combatientes, a quienes respondía individualmente, previa investigación de lo que le proponían o informaban. Insistía profundamente en el buen comportamiento de la guerrillerada con la población, para nosotros decía él, “lo primero y más importante de nuestra lucha es la población, no solo por razones de principios políticos e ideológicos, sino prácticos de la guerra. Únicamente en la medida que respondamos a las necesidades objetivas de la población en cada área, podemos resistir, crecer y avanzar. De lo contrario es imposible”.

Recuerdo cuando nos decía a las que salíamos a cumplirle misión a la ciudad, “mijitas es que yo no duermo ni descanso hasta que ustedes no regresan”; a varias combatientes, después de un tiempo de cumplir ese tipo de misión, nos llegó a decir: “mijita, no vuelve a salir más, porque me la cogen”. Solía confiar más en las mujeres para determinado tipo de misión.

Hoy continuamos acudiendo a su cita; consultamos sus textos, escuchamos y vemos sus videos, pareciera que nos invitara a prestarle toda la atención, la misma que él nos puso a lo largo de sus años de lucha guerrillera. Seguimos aprendiendo, admirando su temple, su sabiduría. Todos los días buscamos respaldar nuestras palabras con la práctica diaria de lucha, porque así nos enseñó Alfonso Cano…