Correspondencias. Más vale solos…

Martha Aguilar
29.Oct.13 :: Columnas

En los Pecados de la Revolución, Ernesto Guevara ilustra dos de esos “pecados” con dichos populares: ‘La cabra tira al monte’ y ‘Dios los hace y ellos se juntan’, haciendo referencia a los traidores a la Revolución que buscaban enriquecerse a costa de ella, que realmente nunca estuvieron en el combate, que eran nocivos para el pueblo y que finalmente terminaron yéndose a Miami. A este par de dichos bien se le pudo haber agregado el famoso ‘Más vale solos, que mal acompañados’.

¿A razón de qué? El 14 de diciembre de 1957, Fidel Castro envía una carta a diversas organizaciones para posicionar al M26 en relación a un pacto (el Pacto de Miami) que Felipe Pazos firmó en nombre del M26, sin siquiera consultar al movimiento y en donde Pazos es propuesto como presidente provisional.



La carta con la que responde Fidel es una pieza invaluable en contra del oportunismo. De inicio a fin, cada letra es una muestra de dignidad y de alta moral revolucionaria, que desenmascaran a los enemigos de la Revolución. Ese documento sabe a aquellas palabras de Lenin en donde manda a los oportunistas a la charca:

“(…) Somos un puñado de gente y caminamos fuertemente cogidos del brazo por una senda abrupta. Estamos rodeados de enemigos y tenemos que marchar casi siempre bajo su graneado fuego. Nos hemos reunido mediante una resolución libremente tomada para combatir precisamente a los enemigos y no para meternos en el pantano vecino, cuyos moradores se mofaron de nosotros desde un principio, porque nos habíamos agrupado independientemente y habíamos escogido la senda de la lucha en vez del camino de la conciliación. Y ahora algunos de nosotros comienzan a gritar: ¡vamos al pantano! Y si se les enseña el peligro replican: ¡Que gente atrasada sois! ¡Cómo no os avergüenza el despojarnos del libre derecho de llamaros por una senda mejor! Sí, señores, sois libres no sólo de invitarnos sino también de ir a donde os plazca, incluso a la charca; hasta somos de la opinión de que vuestro verdadero lugar es el pantano, y estamos dispuestos a ayudaros en lo posible para que os trasladéis allí. ¡Pero dejad en paz nuestras manos, no os aferréis a nosotros y no manchéis la palabra libertad, pues también nosotros somos ‘libres’ de ir a donde nos venga en gana y libres no sólo de combatir el pantano sino también a aquellos que se arrojan a él! (…) “.

Y así como Lenin mandó a la charca a los oportunistas, Fidel los manda a la charca también cuando dice:


” (…) Y sólo sabremos vencer o morir. Que nunca será la lucha más dura que cuando éramos solamente doce hombres, cuando no teníamos un pueblo organizado y aguerrido en toda la Sierra, cuando no teníamos como hoy una organización poderosa y disciplinada en todo el país, cuando no contábamos con el formidable respaldo de masas evidenciado con la muerte de nuestro inolvidable Frank País.

Que para caer con dignidad no hace falta compañía.”

Precisamente así es como termina la carta después de que Fidel hiciera un recuento de las condiciones a las que se había enfrentado la guerrilla que recién desembarcada del Granma sufrió la ofensiva enemiga sin recibir más ayuda que el camuflaje de la Sierra y el apoyo del campesinado combativo, cómo hubo quién prefería guardarse las armas antes que entregarlas a aquellos que estaban siendo aniquilados por el ejército batistiano y cómo a pesar de eso, el M26 estaba haciendo “una Revolución real” y no como aquellos que cómodamente firmaban pactos lejos de la línea de combate “haciendo una Revolución imaginaria”.

A lo anterior, Fidel agrega que “lo importante para la Revolución no es la unidad en sí, sino las bases de dicha unidad” exponiendo la comprobación histórica de que los procesos unitarios no deben hacerse jamás sacrificando los principios más básicos de la Revolución, en este caso: el manifiesto de la Sierra que contenía las características propuestas para el gobierno provisional, y se pronunciaba en contra tanto de la intervención, como de la incorporación de las fuerzas revolucionarias a los institutos armados regulares, así como el reconocimiento del programa mínimo que incluía la Reforma Agraria.

Claro está que los principios de la Revolución no sólo deben defenderse durante la toma del poder, sino durante todo el proceso revolucionario, es decir, durante toda la lucha de clases, que continúa aún después de la toma del poder, teniendo presentes aquellas palabras de Fidel escritas en la carta de que se habla:

“(…) Proceder de manera incorrecta trae siempre las peores consecuencias. Y esto es algo que debieran tener muy presente quienes se consideren aptos para empresa tan ardua como derrocar una tiranía y, lo que es más difícil aún, lograr el reordenamiento del país después de un proceso revolucionario (…)”

Y ni qué decir de mantener en pie una Revolución, que es algo todavía más difícil. Y a pesar de la correlación de fuerzas, Cuba entera ha sabido resistir como aquellos doce hombres que un día desembarcaron del Granma y lucharon hasta vencer.